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¡Hola, Nintenderos!
Les traigo esta publicación hoy porque mañana viernes no habrá blog, pero no quería dejar pasar el momento sin compartirles todo lo que estoy sintiendo acerca de Zelda: Ocarina of Time.
Como bien saben muchos de los que me leen, juegos como Mario, Kirby, The Sims y los RPG/JRPG entre muchos otros que son de mis favoritos sin duda siempre han tenido un lugar especial para mí. Pero cuando se habla de Zelda, la cosa es diferente.
Zelda es Zelda.
Hay un nivel más arriba cuando hablo de esta franquicia. Es ese tipo de juego que automáticamente pasa al TOP de mis favoritos, sin importar cuántos otros títulos lleguen, cuántas consolas tenga o cuántos años pasen.
Lo curioso es que yo crecí jugando Mario. Mario estuvo ahí desde pequeño; era parte de mi vida y de mi generación. Pero no conocí a Zelda realmente de cerca hasta aquel verano del 99 (y si quieren conocer esa historia, pueden leer mi historia de amor con Zelda aquí.
Desde ese momento algo cambió. Porque una cosa es jugar un videojuego y otra muy diferente es que ese videojuego termine formando parte de tus recuerdos. Y eso es precisamente lo que me pasa con Ocarina of Time.
Ocarina of Time no es solamente un juego.
La espera y la preparación
Traigo este tema porque, como sabemos, el remake de Zelda: Ocarina of Time está a días de salir y no les voy a mentir: estoy súper emocionado. Más de lo que probablemente debería.
Parte de esa emoción viene de que logré conseguir prácticamente todo lo que quería para vivir este momento como se debe. Tendré la consola Special Edition, tendré el control y, por supuesto, tendré una de esas dos ocarinas que para mí tienen un significado mucho más especial.
Y sí, digo tendré, porque todavía estamos esperando a que llegue el momento. Cuando llevas tantos años esperando algo así, ya no se trata solamente de comprar un juego: se trata de prepararte para volver.
Cuando el anuncio se hizo oficial después de tantos rumores, las emociones fueron fuertes. El que jugó el original sabe perfectamente de qué hablo. Hay algo muy particular en ver cómo ese mundo que conociste hace tantos años regresa con un nuevo diseño, nuevos detalles y una presentación pensada no solo para los jugadores de los 90, sino también para una generación que quizás va a conocer Hyrule por primera vez.
Y eso me encanta. Porque un buen remake no tiene por qué borrar lo que fue el original: tiene que hacer que podamos volver a sentirlo.
Volver a Hyrule
Creo que eso es lo que más me llama la atención de todo esto. Cuando eres niño, juegas Ocarina of Time de una manera; cuando eres adulto, lo juegas de otra.
La primera vez que entras a Kokiri Forest no estás pensando en nostalgia. No piensas en gráficos, resolución, controles ni en si el juego se ve mejor o peor: estás pensando en descubrir. Quieres saber qué hay detrás de aquella puerta, encontrar ese objeto que no sabías para qué servía, llegar al siguiente templo, saber quién es Zelda, qué está pasando con Ganondorf y por qué Link tiene que meterse en semejante problema.
Pero cuando vuelves años después, ya conoces el camino. Y ahí está la magia.
Empiezas a recordar cosas que ni siquiera sabías que recordabas: la música, los sonidos, los personajes, ese momento exacto en el que sales del bosque y ves Hyrule por primera vez. O la primera vez que entras a un templo y piensas: “¿Y ahora cómo resuelvo esto?”. La primera vez que ves a Ganondorf. La primera vez que entiendes que Link no es simplemente un niño con una espada.
Todo eso vuelve. Y creo que un buen remake tiene precisamente esa responsabilidad: no solamente verse bonito, sino despertar esos recuerdos.
¿Un remake 1:1?
Aquí es donde creo que vamos a tener mucho de qué hablar. Cuando se anunció, inmediatamente comenzaron las comparaciones: ¿Será 1:1? ¿Cambiarán los templos? ¿Habrá nuevas áreas? ¿Agregarán contenido? ¿Cambiarán la historia? ¿Será solo una actualización visual o realmente estaremos frente a una nueva forma de jugar Ocarina of Time?
Aunque ya sabemos algunas de las cosas que han cambiado, todavía siento que Nintendo puede estar guardándose alguna sorpresa. Y, honestamente, no estoy en contra de los cambios.
Ocarina of Time marcó una época, pero también hay que entender que los videojuegos han cambiado muchísimo desde entonces. Los controles, la forma en que exploramos y la manera en que se diseñan los mundos son muy distintos hoy en día. Y nosotros también cambiamos.
Por eso no espero que este remake sea exactamente el mismo juego con mejores gráficos. Si fuera solo eso, quizás perdería parte de la gran oportunidad que Nintendo tiene entre manos. Quiero que respete al Ocarina que recuerdo, pero que también tenga suficientes cosas nuevas para sorprenderme.
Y ahí entra la gran pregunta: ¿Qué sorpresas nos tendrá guardadas Nintendo? Porque una cosa es lo que conocemos y otra muy diferente es lo que todavía no hemos visto. Y con Zelda, nunca se sabe.
Zelda siempre encuentra la manera
Creo que esa es una de las razones por las que esta franquicia significa tanto para mí. Zelda puede cambiar: el estilo artístico, el mundo, la historia, la jugabilidad o incluso la forma en que entendemos Hyrule. Pero hay algo que siempre permanece: esa sensación de aventura.
Esa intuición de que hay algo esperando detrás de una montaña. De que ese lugar a lo lejos tiene un secreto. De que esa piedra que parece estar ahí por nada guarda algo escondido.
Eso es Zelda. No es solo derrotar al jefe final; es el camino, es perderte, es descubrir. Es escuchar una melodía y, años después, reconocerla en dos segundos. Es recordar un verano, una consola, una televisión y una época entera de tu vida simplemente por escuchar una canción.
Quizás por eso Ocarina of Time sigue siendo tan importante. Para muchos de nosotros no es un juego viejo que Nintendo decidió traer de vuelta: es una parte de nuestra propia historia.
El niño que jugó Ocarina y el adulto que ahora vuelve
Y aquí está la parte que más me pega.
Cuando juegas algo durante tu infancia, nunca piensas que vas a regresar a ello 10, 20 o 30 años después. En ese momento solo estás jugando. Pero el tiempo pasa y, de repente, tienes una nueva consola, un nuevo control, una nueva versión del juego y estás ahí otra vez. Solo que ya no eres el mismo.
Creo que esa es la verdadera razón de mi emoción. No solo quiero ver cómo luce Ocarina of Time en esta generación; quiero ver qué siento cuando vuelva a entrar a Hyrule. Quiero escuchar la música, reencontrarme con personajes que conocí hace tanto tiempo, caminar por lugares que mi memoria tiene grabados y, tal vez, descubrir que algunas cosas no eran exactamente como las recordaba.
Eso también es crecer. A veces creemos que estamos regresando al juego, cuando en realidad estamos regresando a una parte de nosotros mismos.
Y sí… probablemente voy a jugarlo como si fuera 1999
Así que sí, estoy súper emocionado. Tendré la consola, el control, mi ocarina y todas las ganas de volver a vivir una aventura que comenzó hace muchísimos años.
Sé que voy a encontrar cambios, mejoras y posiblemente cosas que me hagan decir: “¿Por qué hicieron esto?”. Pero también sé que habrá momentos en los que simplemente me voy a quedar mirando la pantalla.
Porque hay juegos que juegas… y hay juegos que recuerdas. Ocarina of Time, por lo menos para mí, pertenece a la segunda categoría.
Ahora solo queda esperar esos primeros minutos, tomar el control y volver a escuchar esa música. Cuando Link aparezca otra vez frente a mí, sé que tendré esa sensación que todos los fans de Zelda conocemos:
“Ok… volvimos a Hyrule.”
Y después de tantos años, sinceramente, no se me ocurre un lugar mejor al que regresar.
Ahora me gustaría escucharlos a ustedes. ¿Cuál fue ese primer juego que los hizo sentir que la aventura era real? ¿Tienen sus propios recuerdos con Ocarina of Time? Cuéntenme en los comentarios y compartamos esa nostalgia mientras llega el día de volver. ¡Un abrazo y feliz viaje de regreso a Hyrule!

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